Había una vez una princesa

En un castillo, más grande que América, que Asia o Canberra,
vivía una dulce princesa, 
tan pequeña y delicada;
tan frágil como una burbuja,
tan hermosa como una rosa.

Muy afable y considerada,
amaba sus faldas, sus tiaras y sus guitarras.
Lo tenía todo, pero no era feliz.

Se pasaba el día charlando con las pinturas,
creando historias con dulzura:
con padres que estaban y arrullaban,
con una familia cálida y humana.

Se sentía desdichada y solitaria
y sus progenitores no comprendían
la desidia en la que existía.
Pues no quería ropa ni porcelana fina...

Ella anhelaba una hermana,
un abrazo por la mañana,
un beso de madrugada
que espantara las congojas
que la dejaban floja.

Pero no consiguió el cambio que ansió,
y así permaneció,
reinando una nación plagada de dolor.



Una princesa que lo tenía todo,
pero que en realidad, no tenía nada.

Tef Campos

20. Venezolana. Escribo lo que siento, pienso, opino e imagino. Son trocitos de mi alma que se escapan a diario, quizás por el exceso de sentir

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