La historia del chocolate

¿Alguna vez has visto un exorcismo mientras tomas chocolate? 
¿Alguna vez has visto como tú vida se desmorona mientras comes chocolate? 
¿Alguna vez te has preguntado lo que pasa en el mundo cada vez que saboreas una taza de chocolate? 
¿Alguna vez has cuestionado todo lo que te dicen con un chocolate? 
El chocolate no es más que el incentivo, 
como el que me inspiró a cuestionarme mis “habilidades” de escritura… 
¿Quién me dijo que sabía escribir? 
¿Quién me dijo que era correcto escribirlo todo? 
Un chocolate, un insignificante chocolate. 
Me ha hecho pensar, 
reflexionar… 
A veces leo lo que otros escriben y me digo ¿qué los inspiró? 
Porque todo proviene de una idea, 
una idea que algo provocó: 
un momento, una persona, un sentimiento, una película e incluso un libro 
o un insignificante chocolate. 
Como en mi caso; 
todo lo que escribo es por algo, 
por alguien, 
por un momento, 
por un sentimiento, 
de rabia, 
de tristeza, 
de felicidad extrema 
por un bendito chocolate. 
No crean todo lo que digo 
y no porque esté loca 
—aunque lo esté —. 
Si no, porque todos mis escritos están plagados de prejuicios; 
sobre mí, sobre ustedes, sobre todo. 
Escribo cuando estoy triste o feliz 
y cuando eso pasa 
no controlo lo que digo, 
imagínense cuando estoy molesta… 
Es hilarante 
una vez que el enojo se ha ido, claro está. 
Pero se me ocurren las ideas más estúpidas 
—o las más brillantes — 
cuando estoy estresada, ofuscada y preocupada. 
Como ¿qué pienso cuando como un chocolate? 
Es interesante darle un enfoque distinto, 
más allá de saborear un rico chocolate, 
Tipo ¿a quién rayos se le ocurrió como hacer chocolate a partir del cacao? 
Porque algo tuvo que influenciarlo, 
como el chocolate a este escrito. 
Sin sentido. 
¿Alguien tendrá las respuestas? 
¿De todo lo que nos aqueja? 
Como algo tan inusualmente exquisito 
surgió de algo tan amargo; 
y eso podemos aplicarlo a todo: 
¿cómo a alguien se le ocurrió 
que mezclando pinturas podía obtener otros colores? 
¿Accidente? 
¿A quién se le ocurrió que una torta se hacía mezclando tales ingredientes? 
¿Cómo alguien supo que estaba enamorado por primera vez? 
¿Alguien siquiera sabe lo que es el amor? 
¿A quién se le ocurrió que un papel firmado era el fundamento de una fidelidad plena? 
Tantas preguntas, 
pocas respuestas 
y un montón de chocolate 
que me hacen preguntarme: 
tanto, 
en tan poco tiempo, 
cuestionar está en mi naturaleza.
¿Por qué? ¿Por qué? 
Y no consigo la respuesta. 
¿Religión? ¿Aliens? ¿Evolución? 
Es una constante lucha de opiniones, 
cada quien cree lo que quiere creer, 
hasta los que no creen, 
Deciden hacerlo, 
pero que hay con la gente que no le gusta el chocolate: 
¿de qué planeta vienen? 
¿Qué rayos los inspira? 
¿Qué los motiva? 
Si no es un buen chocolate caliente, ¿entonces qué? 
¡¿Qué?! 
No lo sé. 
Así como no sé nada de nada, 
nada del resto, 
nada del mundo, 
nada de nadie, 
nada de mí. 
NADA. 
Pero lo que sí sé: 
es que un chocolate 
me inspiró a ser, 
a escribir, 
a vivir. 
Cuando como chocolate 
cuestiono mi existir; 
cómo puedo mejorar, 
afianzar lo que soy, 
lo que doy, 
lo que creo 
y lo que veo. 
Un chocolate 
Eso hace. 
Más allá de ser exquisito, 
de ser riquísimo, 
como el chico del frente, 
como el café con leche, 
como el abrazo de la abuela, 
como el arroz de palito 
que hace mi mamá cada domingo. 
El chocolate 
cuenta una historia. 
Una historia que cambia, 
que evoluciona 
como cada persona.

Photo by Michał Grosicki on Unsplash














Tef Campos

20. Venezolana. Escribo lo que siento, pienso, opino e imagino. Son trocitos de mi alma que se escapan a diario, quizás por el exceso de sentir

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